lunes, 10 de septiembre de 2007

Indulgencia


Nuevamente comparto una mini joya del humor venezolano, obra del ilustre Laureano Márquez. No hace falta mayor aclaración de la pieza que la de decir que fue el editorial del vespertino Tal Cual del día viernes 07 de septiembre a propósito del arrepentimiento que mostrase el ahora célebre Sr. Ameliach. Nótese el genio de la última línea.

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Galileo, 1633 & Márquez, 2007

“Yo, Galileo Galileach, mayor de edad y de este domicilio, siendo citado personalmente a juicio y arrodillado ante vosotros, los eminentes y reverendos compatriotas del PUS, inquisidores generales de la República Bolivariana contra la depravación herética, teniendo ante mí los sagrados textos de la propuesta de reforma constitucional, que toco con mis propias manos, juro que siempre he creído y, con la ayuda de Dios, creeré en lo futuro, todos los artículos que la sagrada voluntad del único dirigente sostiene, enseña y predica. Por haber recibido orden de este Tribunal Disciplinario de abandonar para siempre la opinión falsa que sostiene que el MVR debe ser desenterrado y que gira alrededor del sol de la libertad de criterio, que es el centro e inmóvil, siendo prohibido el mantener, defender o enseñar de ningún modo dicha falsa doctrina; y puesto que después de habérseme indicado que dicha doctrina es repugnante al Líder Indiscutible y contraria a su voluntad, he escrito y publicado una supuesta carta inexistente en la que trato de la misma y condenada doctrina y aduzco razones con gran fuerza en apoyo de la misma, sin dar ninguna solución; por eso he sido juzgado como sospechoso de herejía, esto es, que yo sostengo y creo que el PUS no es el centro del mundo e inmóvil, y que el MVR es el centro y es móvil, deseo apartar de las mentes de vuestras eminencias y de todo militante socialista esta vehemente sospecha, justamente abrigada contra mí; por eso, con un corazón sincero y fe verdadera, yo abjuro, maldigo y detesto los errores y herejías mencionados, y en general, todo error y sectarismo contrario a lo señalado por el Líder Supremo; y juro que nunca más en el porvenir diré o afirmaré nada, verbalmente o por escrito, que pueda dar lugar a una sospecha similar contra mí; asimismo, si supiese de algún hereje o de alguien sospechoso de herejía, que salga en mi defensa, lo denunciaré a este Tribunal Disciplinario o al inquisidor y ordinario del lugar en que pueda encontrarme, aunque él o ella hayan sido previamente inquisidores y creadores de listas. Juro, además, y prometo que cumpliré y observaré fielmente todas las penitencias que me han sido o me sean impuestas por este Tribunal Disciplinario. Pero si sucediese que yo violase algunas de mis promesas dichas, juramentos y protestas (¡que Dios Rafael no quiera!), me someto a todas las penas y castigos que han sido decretados y promulgados por los sagrados reglamentos y otras constituciones generales y particulares contra delincuentes de este tipo. Así, con la ayuda de Dios y de su proyecto de reforma, que toco con mis manos, yo, el antes nombrado Galileo Galileach, he abjurado, prometido y me he ligado a lo antes dicho; y en testimonio de ello, con mi propia mano he suscrito este presente escrito de mi abjuración, que he recitado palabra por palabra. En Caracas, en el Capitolio Federal, 5 de septiembre de 2007; yo, Galileo Galileach, he abjurado conforme se ha dicho antes con mi propia mano." Galileach, sólo piccola cosa: En la intimidad de tu corazón, allí, en ese lugar secreto en el que sólo tú entras, eppur si muove?

viernes, 7 de septiembre de 2007

Or-weil

Definitivamente, Weil tiene genio y lo manifiesta sin mezquindad en sus caricaturas. Hacía tiempo que tenía ganas de escribir un comentario – harto común en estos días – sobre Animal Farm de George Orwell (de hecho, en El Nacional de hoy 7 de septiembre pueden encontrar uno artículo de opinión con ese título), pero creo que la caricatura de Weil es bastante más elocuente que cualquier cosa que pudiera yo escribrir. Sirva esta pequeñita obra de arte para la reflexión de lo que nos puede venir y, evidentemente, como invitación a la lectura del maravilloso libro del Inglés.


miércoles, 5 de septiembre de 2007

Las Celestiales




Nuevamente de manos de mi estimado amigo José Vilela, un Cronopio como los que ya no se hallan, me llegó a las manos un librillo titulado Las Celestiales, que mi ignorancia (que es inmensa) no me había dejado conocer. El libro en cuestión fue escrito por Iñaki de Errandonea, s.j, (pseudónimo de Miguel Otero Silva) y fue dado a la imprenta en el año 1965 acompañado por ilustraciones de Fray Joseba de Escucarreta, s.j (pseudónimo de Pedro León Zapata). La obra reúne y comenta con una prosa realmente deliciosa una serie de cuartetas presumiblemente originadas en la cultura popular y en las que se canta sobre Santos con alguna que otra palabrota - lo cual por cierto desató la ira del entonces Cardenal Humberto Quintero. La edición que mi estimado pana me regaló (Libros de El Nacional, 2003) viene con sendos prólogos, el primer de Jesús Sanoja Hernández y el segundo y más importante, del propio MOS, el cual por cierto, es de los mejores prólogos que he leído en mi vida (no exagero). Me tomo la molestia de comentar el librillo (el diminutivo no le hace justicia a la calidad de la obra, hace referencia a su brevedad simplemente) porque es de lo mejor que he leído en materia de humor y confío que cualquier buen lector sabrá disfrutar de una prosa espectacular y un ingenio maravilloso. Pero como nada es mejor que dar a probar un bocado de este plato fantástico, dejo ya de hablar pendejadas y les transcribo uno de las varias piezas que podrán encontrar en Las Celestiales. Espero las disfruten tanto como yo.

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Cuando San Juan se cayó
de la escalera pa´bajo,
Dijo Dios: ¡Adios carajó,
Este Santo se jodió!


En los llanos venezolanos existen dos versiones de esta copla. Don Carlos del Pozo en su Memoria Planiciae Guaricensis transcribe la siguiente: “Cuando San Pablo cayó, etc...”, lo cual significaría que quién rodó por la escalera no fue ningún San Juan sino el genial autor de las Epístolas. A este respecto refiere Tertuliano, en su “Apología contra los Gentiles”, que a poco de convertido San Pablo fue víctima del Demonio e incurrió de nuevo en sus abominables idolatrías. Súpolo José de Arimatea y narróle un sueño donde se le había parecido Javeh para decirle que Saulo de Tarso era un caso perdido. Según la trascripción de don Carlos del Pozo, sería a este sueño de José de Arimatea a lo que se refiere en su ingenuo lenguaje la musa popular.
A contrapelo hemos comprobado que en la zona de San Sebastián de los Reyes, región donde genuinamente se cantan Las Celestiales, no existen vestigios de la exégesis que atribuye a San Pablo el desbarrancamiento. Ningún trovador ni trovadora entona los versos sino de este modo: “Cuando San Juan se cayó, etc”. En consecuencia, hubimos de concretar nuestras pesquisas en torno a San Juan.
Nuestra primera dificultad fue dilucidar de cuál San Juan se trataba. Existen en el calendario cristiano la bicoca de 49 Santos Juanes distintos, sin contar los 79 Beatos Juanes, que están en aguardo de su canonización. Los Santos van desde San Juan de la Cruz, que era un excelso poeta, hasta San Juan el Enano, cuya fiesta se celebra humildemente el 17 de octubre. ¿A cuál de esos 128 Santos o Beatos Juanes se refería la cuarteta? Ahí estaba el busilis.
Tras largo quemarnos las pestañas escrutando infolios, actas y textos de hagiografía, llegamos a la conclusión de que el San Juan del patatús no había sido otro sino el más eminente de todos, aquel de quien dijo Jesús: “En verdad os digo, no entre los nacidos de mujer ninguno más grande que Juan el Bautista”.
Estaba San Juan sepultado en una cisterna de la fortaleza de Maqueronte, donde lo había metido Herodes, tetrarca de Galilea, en castigo por los sermones que el Profeta pronunciaba para denunciar los pecados de la carne que Herodías, mujer de Herodes, cometía con los capitanes de Asiria, los jóvenes egipcios y unos cuantos caballeros más. Herodes, que a pesor de todo le tenía cierta simpatía al prisionero, permitióle que subiera por la escalerilla hasta el borde de la cisterna y desde allí presenciara la danza que Salomé, hija de Herodías, iba a bailar en honor al Tratarca. Según la versión del escritor pagano Oscar Wilde (cuya lectura desaconsejamos a los menores de 20 años), Salomé, que había heredado los volcanes interiores de su madre, se enamoró de San Juan al no más verle los ojos y gritó desenfrenada: “¡Quiero besar la boca de Jokanahán!”. Empero, la historia auténtica cuenta que Salomé bailó la danza de los siete velos, quitándose velo por velo, hasta quedar como Herodías la echó al mundo. El pobre Bautista, agarrado a la barandilla de la cisterna, soportó los seis primeros velos sin parpadear. Pero cuando estalló debajo del séptimo aquella blancura de paloma y lirio, aquellas sonrosadas redondeces, aquel cuerpo de diosa que jamás la Divina Providencia ha vuelto a esculpir, el Santo soltó el pasamanos, rodó por la escalera que lo sostenía y su cuerpo retumbó en el fonde de la cisterna como un fardo de plomo. Dios, que está en todas partes, contempló la escena e hizo el comentario adecuado.

jueves, 30 de agosto de 2007

Presagio

domingo, 19 de agosto de 2007

Nuestras luchas con la hidra


He venido pensando mucho sobre el asunto de la identidad estos últimos días, un poco por trabajo, otro poco por psicólogo reincidente y otro poco por curiosidad. Y es que en este mundo fragmentado que vivimos, la identidad está pasando cada vez más a ser un tema central. Soy de los que piensa, no sé bien por qué, que la búsqueda incesante de una identidad coherente es lo que hace al mundo girar, haciendo que buena parte de nuestro comportamiento esté movido por esa necesidad. Ojo que hay una trampa en la palabra coherente, porque no quiere decir, a mi entender, una identidad única, sólida, con sentido. Es quizá una coherencia personal, muy postmoderna, que le de sentido a la vida que nos tocó en suerte en este maremoto informativo que es hoy el planeta tierra.

Es así que, a veces sin desearlo, me tropiezo una y otra vez con el fulano tema, y lo que me lleva a escribir estas líneas es el haberlo hallado en uno de mis constantes regresos a Julio Cortázar.

Uno de sus libros más lúdicos (si es que alguno no lo es), Un Tal Lucas, tiene como primera pieza “Lucas, sus luchas con la hidra” en el que se puede leer lo siguiente:

Ahora que se va poniendo viejo se da cuenta de que no es fácil matarla.
 Ser una hidra es fácil pero matarla no, porque si bien hay que matar a la hidra cortándole sus numerosas cabezas (de siete a nueve según los autores o bestiarios consultables), es preciso dejarle por lo menos una, puesto que la hidra es el mismo Lucas y lo que él quisiera es salir de la hidra pero quedarse en Lucas, pasar de lo poli a lo unicéfalo. Ahí te quiero ver, dice Lucas envidiándolo a Heracles que nunca tuvo tales problemas con la hidra y que después de entrarle a mandoble limpio la dejó como una vistosa fuente de la que brotaban siete o nueve juegos de sangre. Una cosa es matar a la hidra y otra ser esa hidra que alguna vez fue solamente Lucas y quisiera volver a serlo. Por ejemplo, le das un tajo en la cabeza que colecciona discos, y le das otro en la que invariablemente pone la pipa del lado izquierdo del escritorio y el vaso con los lápices de fieltro a la derecha y un poco atrás. Se trata ahora de apreciar los resultados.

Lucas, pobre, lucha igual que nosotros con esa hidra en la que nos vamos convirtiendo cada vez que se nos antoja algo nuevo, o nos hacemos fanáticos de algún producto (a mi me pasa con las Mac y su inmensa carga de identidad, que mi ingenuidad y resignación han decidido abrazar completamente), nos empatamos en la nueva “onda”, nos declaramos a favor de algo y en contra de su opuesto (a veces ni eso logramos y estamos a la vez a favor y en contra de lo mismo, habrase visto).

El truco, probablemente, es saber que está bien ser una hidra de siete o nueve cabezas y que es hasta divertido poder moverse del positivismo al arte pop, del barroco a spider – man, sin que se nos mueva un pelo.
Cerremos este post con algo más del enormísimo Cronopio.

En el espejo del baño Lucas ve la hidra completa con sus bocas de brillantes sonrisas, todos los dientes afuera. Siete cabezas, una por cada década; para peor, la sospecha de que todavía pueden crecerle dos para conformar a ciertas autoridades en materia hídrica, eso siempre que haya salud

viernes, 20 de julio de 2007

¡Que lo pario!


Regreso a mi blog con mala onda, pues justo hoy murió el Negro Fontanarrosa, genial caricaturista y humorista, que supo como pocos retratar con inteligencia la realidad de muchos Argentinos. Hincha a muerte del fútbol y de su equipo canalla, intelectual, gran conversador y gran ser humano. Toda una lástima que el mundo, poco a poco, se vaya quedando sin esas figuras. Nos dejó sus libros y sus personajes, a quienes regresaremos con frecuencia para celebrarlo a él.

domingo, 10 de junio de 2007

La Emboscada

Se han publicado diversos artículos de opinión acerca de lo acontecido en la AN durante el derecho de palabra de los estudiantes. Quise hacer algún comentario, pero me parece más sano reproducir las palabras de Tulio Hernández, las cuales suscribo a plenitud. Espero sea de su interés.

EL NACIONAL - Domingo 10 de Junio de 2007 Siete Días/21

Siete Días



TULIO HERNÁNDEZ
hernandezmontenegro@cantv.net

La semana que hoy concluye ha ratificado de manera absolutamente transparente la naturaleza del régimen cívico-militar que nos gobierna, las perversas concepciones que tienen sus dirigentes sobre la política y las instituciones democráticas, y, sobre todo, ha puesto en evidencia la pobreza intelectual, el dogmatismo y el simplismo moral sobre el que se ha venido edificando la llamada "revolución" bolivariana.

La gota que rebasó el vaso y ha acelerado la caída de los residuos de la máscara democrática del presidente Hugo Chávez y sus más inmediatos seguidores ha sido la persistencia de las protestas de calle generadas por los estudiantes universitarios en repudio al proceso de estatización del espectro televisivo y, de manera muy especial, la descomunal marcha de las universidades nacionales realizada el pasado miércoles 6 de junio, sin lugar a dudas, una de las más grandes movilizaciones de masas que se recuerde en la historia del movimiento estudiantil venezolano.

Demostrando de manera contundente la fuerza que tienen la protesta popular cuando se realiza de manera responsable y continuada, el novedoso movimiento estudiantil venezolano ha logrado dos cosas al mismo tiempo. Primero, sacar de sus casillas al Presidente de la República generándole uno de los más severos ataques del "priapismo comunicacional" –Pasquali dixit– que padece y obligándole a batir sus propios récords en lo que a obligar el país entero a escucharlo por la fuerza se refiere.

Y, en segundo lugar, le ha asestado severos golpes a la estrategia oficial de no reconocer la existencia del país que le adversa y no concederle el más mínimo espacio de respeto a ninguno de los sectores que expresan su oposición. El primer golpe fue el de, burlando el acordonamiento policial que les impedía el paso, lograr movilizarse hasta el Tribunal Supremo de Justicia y hacer que una comisión de estudiantes fuera escuchada por un grupo de magistrados de la más importante institución judicial del país. El segundo, con una multitud eufórica como respaldo en las calle vecinas, presentarse en la sede del Ministerio Público y hacer que el propio fiscal general de la Nación escuchara las denuncias y exigencia de los dirigentes estudiantiles junto a las autoridades del Universidad Central de Venezuela. Y, el tercero, hacer escuchar una voz disidente en uno de los espacios más sectarios de la institucionalidad pública venezolana, la Asamblea Nacional.

Y ha sido allí, en la Asamblea Nacional, y en la manera como la bancada oficialista –la única existente y dominante– intentó entrampar a los estudiantes que pelean en las calles contra la eliminación del pluralismo informativo, donde mejor se explica cómo entienden la política y cómo manejan las instituciones los ideólogos del proyecto bolivariano.

En lugar de permitirle a los estudiantes ejercer el derecho de palabra que legítimamente habían solicitado, los diputados oficialistas, en lo que suponían sería un ardid genial, intentaron montar una suerte de circo romano en lo que prometía ser la cayapa del siglo –barras rojas rojitas, intimidación policial, claques cuidadosamente preparadas, intervenciones posteriores de los diputados– y en el que se pondría en escena como bien vimos un estudiado ejercicio de descalificación moral –"niños bien", "lacayos del imperialismo", "traidores a la patria" – que es la táctica de debate por excelencia del sector oficial.

Pero no hubo espectáculo en la arena. Los diputados y su público se quedaron con las ganas de ver sangre porque los jóvenes estudiantes no gobierneros, en un arriesgado pero contundente giro de última hora, entendieron a plenitud la emboscada e hicieron presencia en la sala no para participar de la comedia sino para rechazarla recordando que su solicitud no había sido cumplida –habían solicitado un derecho de palabra y no un debate con el sector oficial– por lo que abandonaron la sala no sin antes leer el primer mensaje opositor que ha sido transmitido en cadena oficial.

Lo que vino después fue Goliat contra David. Un largo y deplorable monólogo. Una muestra de cinco jóvenes bolivarianos, especies de réplicas o clones juveniles de Hugo Chávez, hablando como adultos moralistas, fueron pasando uno a uno a exhibir una extensa saga de lugares comunes, seguramente memorizados en las páginas de Los conceptos elementales del materialismo histórico o cualquier otros texto de autoayuda marxista, para demostrar la supuesta ilegitimidad de la lucha de los estudiantes demócratas.

Quedó claro: que los diputados oficialistas no respetan al pueblo salvo cuando está a su favor; que se burlan de las instituciones democráticas y las manejan a su antojo; que usufructúan de manera ventajista y aplastante contra el adversario los recursos del Estado; y, que creen que los demás son pendejos.

viernes, 1 de junio de 2007

Lección

“Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma“
“Tengo un sueño“ discurso pronunciado el 28 de Agosto de 1963 por Martin Luther King, Jr.

En estas últimas semanas había perdido la fe. Había llegado a la penosa conclusión de que no tenemos nada que hacer. Me encontré de repente en la más pura indefensión aprendida: concluí que nada de nuestras conductas controlaba lo que nos ocurre. Llegué incluso a mostrar la parálisis que los perros en los experimentos de Seligman evidenciaban cuando se los sometía a pequeñas descargas eléctricas de las que no podían escapar. Además de la parálisis, de la ausencia de respuesta, también empecé a ver cómo mis creencias se me desmoronaban como un castillo de naipes. Empecé a pensar que la salida “debía“ ser violenta, que tras los atropellos y la ya espantosamente evidente complacencia de todos los poderes del estado con y para el proyecto político del presidente Chávez no quedaba más que cerrar los ojos y rogarle a alguien que pusiera una bomba, que lanzara una piedra, alguien en definitiva que se rebelara a la fuerza y que impusiera su idea (y la mía) sobre la de ellos. Caí sin remedio en el pensamiento maniqueo que el gobierno nos ha querido imponer y pensé que ése era el juego que estaba planteado y que había que jugarlo. Pero súbitamente, casi como por sorpresa aparecieron ellos, con sus carnets electrónicos y sus mochilas, y me dieron una de las más sonoras cachetadas que he recibido en mi vida. De golpe y porrazo me regresaron mis creencias, aquellas que tanto defendí cuando como ellos, ocupando el cargo de representante estudiantil ante el consejo de escuela de la escuela de psicología, defendía la no violencia y el diálogo como las únicas salidas para el conflicto político producto del paro petrolero que ya empezaba a hacerse inmanejable. En aquel entonces tan reciente recibí varias veces el mote de chavista, por pedir una y otra vez que saliera de las universidades las respuestas que le corresponden: concertación, análisis, pensamiento, diálogo.

Yon, Stalin y los miles de muchachos que se han plegado bajo la consigna “no somos políticos, somos estudiantes“ nos han dado a todos una lección de altura y madurez que buena falta nos hacía. Nos enseñaron que se puede ser dignos y pacíficos sin que por ello se ceda un milímetro en la lucha por los derechos fundamentales que todos tenemos. Nos recordaron aquellas gestas heroicas del Dr King y su apoyo a la decisión de no usar el transporte público que discriminaba a los negros y de Ghandi protestando pacíficamente contra los atropellos británicos. Pero sobre todas las cosas, le enseñaron a un gobierno ciego y totalitario el inmensísimo poder que tiene la palabra. Ante la grosera e infantil descalificación de la que fueron objeto por parte de los obtusos y lamentables diputados que hoy manejan los piolines (los pocos que les quedan después de delegarlo todo al Sr. Presidente) del poder legislativo, se plantaron con hidalguía e independencia a pedir una simple pero muy poderosa rectificación. La manera como se expresaron, la contundencia con la que respondieron a todas las inquietudes de los periodistas (sobretodo cuando aclararon que no quieren tumbar gobiernos ni convocar paros) y la altura de sus peticiones fue demasiado para este gobierno que sólo sabe moverse en el conflicto, con la amenaza como herramienta fundamental. Tan poderosa fue su manifestación de humanidad y civismo, que el gobierno sólo pudo esgrimir como respuesta a sus peticiones una serie de cobardes negaciones escudadas bajo centenares de policías y militares. ¿Quién necesita cuadrillas de policías antimotines para recibir a un grupo de estudiantes cuya única petición es no ser menospreciados ni discriminados en su derecho a protestar?

Es claro: este gobierno busca reducir todo al conflicto, a la guerra ficticia entre pobres y ricos. Si se los saca de ese terreno y se los coloca en el terreno de la inteligencia y la dignidad, quedan mudos, desarmados y atemorizados.

lunes, 28 de mayo de 2007

Sin desperdicio


Sé que estoy reiterativo. Sé que me repito una y otra vez. Pero en días tan nefastos como los que estamos viviendo, no podemos dejar de decir lo que sentimos. Comparte con quienes quieran asomarse a esta página una entrevista al Dr. Pascualli que refleja perfectamente la idea de libertad que defiendo y que creo ha sido mutilada con la arbitraria decisión ejecutada por chávez y sus funcionarios. Léanla, no hacen falta palabras para explicarla. Las negritas son mías.
Saludos.
Cronopio

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Entrevista Antonio Pasquali, investigador de la comunicación
"Si antes hubo una TV comercial ahora tenemos una ideológica"

El catedrático pasa revista a los aportes de RCTV y mira hacia el futuro (Gil Montaño)

"El régimen está intentando saturar el entorno mediático, ya controla diez de las doce emisoras TV/VHF"

JOSÉ ANTONIO AZOPARDO

EL UNIVERSAL - 28/05/07

Para el doctor en Filosofía Antonio Pasquali, el fin de las transmisiones de RCTV va más allá de lo coyuntural. El experto, que ha sido constante estudioso y riguroso crítico del desempeño de la televisión privada en Venezuela, subraya las consecuencias de la medida gubernamental.

"El cierre de esa planta, querido por el autócrata para quitarse de encima una estorbosa y eficaz competencia, le produce al país un inmenso daño democrático por grave y compulsiva reducción de su capacidad de disentir, mientras le asegura otra gran cámara de resonancia a la voz del amo", afirma Pasquali.

-¿Cuál es el aporte de RCTV?

-Es sumamente difícil de cuantificar o calificar. El canal 2 irrumpió con fuerza comercial inmediatamente después de que Pérez Jiménez inaugurara el canal 5 en noviembre de 1952, y a él debemos una parte sustantiva de todo lo bueno y lo malo que trajo la televisión al país. Personalmente, sigo creyendo que lo negativo priva sobre lo positivo y que la predominante televisión comercial no estuvo a la altura del tremendo y exitoso esfuerzo democrático, educativo y cultural del país entre 1958 y 1998. Llegaron a difundir hasta once mil horas anuales de telefilmes norteamericanos, desfiguraron el mercado publicitario nacional acaparándolo hasta en 85% e impidieron que un servicio radiotelevisivo público mejorado los obligase a mejorar a la vez su programación. Pero dentro de sus límites crearon una tradición, un mercado e indudablemente un know-how.

-Ud. ha criticado muchas veces el desempeño de RCTV y de la televisión en Venezuela. ¿Las faltas de las televisoras justifican la decisión de no permitir que operen?

-Con los principios no se bromea. Recordemos siempre aquella frase atribuida a Voltaire o a Lincoln: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida para que lo puedas seguir diciendo". Hay que defender la libertad incluso de aquellos que estarían menos dispuestos a defender la tuya. No retiro ninguna de las críticas dirigidas a la radiotelevisión comercial del país, pero debo reconocer con lucidez que ese problema ha adquirido con el régimen chavista una dimensión estrictamente política, y que en nombre de algún falso moralismo deberíamos expresar contento por esa suerte de vendetta siciliana que es el cierre de RCTV. No, el chavismo no está rescatando nada y lo está empeorando todo¿ El daño cultural que produjo al país medio siglo de martilleo de las cuñas comerciales es pecatta minutta comparado con el incesante adoctrinamiento ideológico, el odio de clase y la demonización de la oposición que lleva adelante el régimen. Uno se pregunta a veces si el "odio entre sus habitantes", la divulgación de "informaciones falsas" o el "exponer al desprecio u odio público" que los artículos 286, 297-A y 444 del Código Penal -reformado en octubre de 2004 por Carreño, Flores, Maduro, Tascón y Varela condenan con 1 a 6 años de prisión- no debería aplicarse en primerísimo término a sus propios autores, incluso al ciudadano presidente de la República.

-¿A dónde se dirige la estrategia comunicacional del Ejecutivo?

-Es una estrategia puesta negro sobre blanco por los Izarra padre e hijo, y ratificada por los hechos: asegurar al régimen una hegemonía comunicacional. Si antes hubo una de sello comercial, ahora tenemos otra y más pesada de corte ideológico. Esta estrategia comprende, por un lado, una minimización de las voces opositoras, y por el otro una maximización de la voz del amo. El cierre de RCTV coincide con la decisión presidencial de convertir Aló Presidente en programa de hora y media diaria y de incrementar el número, frecuencia y duración de las cadenas, que ya promedian unas 200 al año. Insisto en la coherencia y complementariedad de estas dos caras de una misma moneda.

-¿Por qué?

-El régimen está intentando saturar el entorno mediático, ya controla 10 de las 12 emisoras TV/VHF y avanza con estrategias diferenciadas (bozales publicitarios, multas, amenazas y cierres) hacia un control de contenidos de la gran mayoría de los medios de comunicación del país, dando así cumplimiento al totalitario Art. 208 de la Ley de Telecomunicaciones de 2000.

-¿Quién debe vigilar a los medios? ¿El Estado o la sociedad?

-Según las doctrinas clásicas, de Adam Smith a Horkheimer, hay democracia donde los medios en manos privadas aseguran una honesta pero severa acción de watch dog o perros guardianes de la acción del Estado. Pero esos medios, a su vez, deben estar sometidos al escrutinio permanente de los ciudadanos, pues su rol esencial es un rol vicarial, de portavoces de la colectividad en la cual actúan. Lo que debe quedar claro: allí donde el Estado logra controlar los medios ya no hay democracia.

-¿Qué recuerdos personales guarda de RCTV?

-Variados y contradictorios como en muchos, supongo. Recuerdo con gran nostalgia la poética figura de Amador Bendayán, del que siempre pensé que en otro contexto hubiese llegado a ser un grandísimo actor de estatura internacional. Pero también guardo en memoria aquel crimen de lesa cultura que consistió en retransmitir la pisada de Neil Armstrong sobre la Luna, el 20 de julio de 1969, con una propaganda de Viceroy en la esquina superior izquierda de la pantalla.

-Según Gaceta Oficial, TVes está adscrito al Estado. Depende económicamente del Poder Ejecutivo y el Presidente controla su destino. ¿Puede así cumplir su pretensión de ser una televisora de servicio público?

-No puede, lo de "servicio público" es una farsa más de las tantas del régimen. TVes ha sido diseñada en Miraflores, tiene un consejo directivo de cinco funcionarios de gobierno y dos amigos de la causa, el Presidente puede matarla de un simple pollice verso como los emperadores romanos en el foro, y su dirección ha sido confiada a un ex funcionario de Radio La Habana Cuba. Una televisora de servicio público es una emisora independiente de todos los poderes, que no recibe órdenes de palacio. Debe asegurar el mismo servicio a todos los habitantes de un país (universalidad), ininterrumpido (continuidad), diferenciado por necesidad socio-cultural de la población (versatilidad) y actualizado tecnológicamente (adecuación)... Algo pues imposible de obtener mientras el Presidente sea jefe de facción y rehúse ser Presidente de todos, democrático en una palabra.

Canción de Alicia en el País

Quién sabe Alicia, este país
no estuvo hecho porque sí.
Te vas a ir, vas a salir
pero te quedas,
¿dónde más vas a ir?
Y es que aquí, sabés,
el trabalenguas trabalenguas,
el asesino te asesina
y es mucho para ti.
Se acabó ese juego que te hacía feliz.

No cuentes lo que viste en los jardines, el sueño acabó.
Ya no hay morsas ni tortugas.
Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie
juegan cricket bajo la luna.
Estamos en la tierra de nadie, pero es mía.
Los inocentes son los culpables, dice su señoría,
el rey de espadas.

No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo,
no tendrás poder
ni abogados, ni testigos.
Enciende los candiles que los brujos
piensan en volver
a nublarnos el camino.
Estamos en la tierra de todos, en la mía.
Sobre el pasado y sobre el futuro,
ruinas sobre ruinas,
querida Alicia.

Quién sabe Alicia, este país
no estuvo hecho porque sí.
Te vas a ir, vas a salir
pero te quedas,
¿dónde más vas a ir?
Y es que aquí, sabés,
el trabalenguas trabalenguas,
el asesino te asesina
y es mucho para ti.
Se acabó ese juego que te hacía feliz.
Se acabó.
Se acabó.
Se acabó ese juego que te hacía feliz...

Serú Girán

domingo, 27 de mayo de 2007

Click


Puedes decidir qué quieres que yo vea o no vea, pero no me puedes obligar a mirarte. Cuidado. Hago click. Te apago. Alberto Barrera Tyzska

Debo empezar estas líneas diciendo que no me gusta la programación de RCTV. Siempre me quejé del programa del Sr. Miguel Angel Rodríguez y su manera de llevarlo, de un tiempo a esta parte dejó de gustarme el humor de la Rochela y la única telenovela que vi por ese canal fue Por Estas Calles. Tampoco me gustó Aprieta y Gana, Quien Quiere Ser Millonario terminó por aburrirme, no veía nunca El Observador y Loco Video Loco se me fue haciendo vulgar y poco cómico. En realidad – justo es decirlo – la televisión abierta venezolana me parece toda pésima, de mal gusto y aburrida. Pero ese soy yo. A mi, con hacer clic en el control remoto me basta para no ver aquello y escudarme en alguno que otro canal de cable o en la seguridad de una película alquilada. Lo que importa de todo esto está justamente en ese clic, en el acto voluntario y consciente de hacer el zapping como a uno mejor le parezca. En la potestad de decidir si lo veo o no. Incluso en la potestad de quejarme abiertamente de la programación del canal como dije que lo hacía. Tampoco veo el canal 8. El Sr. Mario Silva me causa el mismo rechazo que el Sr. Rodríguez. A ambos los encuentro soeces, cursis y exagerados. Por eso decidí no verlo ni a uno ni al otro.
A mi me gusta decidir qué hacer con mi vida, en todos los aspectos que ella abarca. Desde el chocolate que me como hasta la profesión que ejerzo. Detesto y desconfío de aquellos que vienen a indicarme el “buen camino“, a enseñarme cómo distinguir lo bueno de lo malo. No creo en los moralismos impuestos, ni en los cánones de ningún tipo. Prefiero equivocarme luego de hacer un análisis propio, que creerme en lo cierto tan sólo por seguir de manera ciega los dictámenes de un tercero. Disfruto cuando tengo la posibilidad de disentir en cualquier materia, siempre reconociendo mis limitaciones. Esa es para mi la esencia detrás del concepto de libertad: poder elegir. El cierre de RCTV y la próxima inauguración de TVES, el cual se pronostica como uno más de los brazos comunicacionales de la revolución bolivariana cuyo objetivo será siempre la ideologización, la homogenización del pensamiento, constituye para mi un atropello sin precedentes en la historia del país, y aún con todos los defectos que el canal de Quinta Crespo tiene para mi, siempre es preferible poder decidir no verlo, que ni siquiera tener esa opción. Lo mismo pienso para el canal del estado, VTV, el cual no veo ni por equivocación. Tan grotesco sería el cierre de la planta del estado como lo es el cierre del canal 2. Estamos caminando firmemente al oscurantismo bolivariano. Estamos dejando en manos de un grupete de personajes fanáticos nuestro albedrío, dando pie de esa manera a la instauración progresiva de un nuevo tipo de fundamentalismo. Pronto en Venezuela las cosas, los hechos, las personas, serán evaluadas bajo la dicotomía revolucionario – contra revolucionario, pudiéndose eliminar todo aquello que no cumpla con la moral que ellos proponen. Cada vez más nos iremos asfixiando bajo el corset del pensamiento único del Tte Cnel Chávez, que se afribuye ahora la posibilidad de dictaminar qué cosas están bien y cuales están mal. Lo peor es que cuando nos demos cuenta, posiblemente no tendremos manera de decirlo ni de actuar para remediarlo.

viernes, 25 de mayo de 2007

Escape


Me quiero ir. Ya es definitivo. He luchado contra todo tipo de ideas y señales que me hacían pensar que irme era lo mejor, pero fracasé. No puedo pensar más que en una cosa, quizá la más importante, para quedarme: mi gente. Mi gente en todo el sentido que el término permite. Mis amigos, mi familia (la que por nacimiento me tocó y la otra, la que adopté y me adoptó), mis colegas, mis compañeros de trabajo, mis profesores.
El resto, todo lo demás, es prescindible en este país. Porque tristemente se ponen en la balanza todas esas cosas y siempre termina pesando más la delincuencia, el atropello, la política deleznable del neo – caudillismo bolivariano, tan repleto de odio, de clichés y de sin sentidos. No hay manera de resolver el dilema que supone decidir entre vivir cerca de los que uno quiere, pero sumergido en el temor, el odio y la incertidumbre o vivir lejos pero en una sociedad con todas sus letras. No se puede. Es uno más de esos malditos dilemas en los que no se puede aplicar lo que los gurús de las estrategias (con sus frases característicamente cursis) llaman ganar – ganar. El emigra siempre pierde. Irse siempre es malo. Lo que ocurre es que a veces es menos malo que quedarse. Lo que transforma todo el asunto en lo contrario, es decir, es el perder – perder.
Yo soy hijo de inmigrantes. Hace 32 años aproximadamente mis padres, viviendo bajo el régimen nefasto de Isabel Perón y su Rasputín argentino, José López Rega, tomaron la decisión de irse del país, atraídos por la bonanza petrolera que en aquel entonces se vivía en Venezuela. Atrás dejaron a su familia y sus costumbres, pero también dejaron temores, incertidumbre y conflictos que pronto cambiaron por una mejor calidad de vida. Hoy es difícil evaluar si su decisión fue correcta. De haberse quedado, hubiesen vivido la sangrienta dictadura militar de Jorge Videla, la guerra de las Malvinas, las fuertes recesiones económicas y la debacle financiera consecuencia de las estrategias menemistas. Nunca pensé que yo también debería evaluar la posibilidad de levar anclas. Sé muy bien lo que significa vivir lejos. Aprendí a querer a gente con la que nunca viví. Aprendí a vivir con la idea de que los abuelos y los primos estaban siempre lejos. Aprendí a compartir culturas, a no ser nunca enteramente venezolano ni completamente argentino. Viví en la mitad y hoy, posiblemente, deba partir una de esas mitades en dos.
Debo irme y entender que quizá lo mejor es no ser nunca de ningún sitio. Intentar anestesiar la memoria, domar la nostalgia que se empieza a sentir apenas se comprende que la huída es posiblemente el menor de los males. Entender que quizá sea éste un sacrificio que se hace en nombre de los que todavía no llegan.

lunes, 7 de mayo de 2007

sábado, 21 de abril de 2007

Puerta

Acostada pero sin dormir, Inés repasaba los sucesos del día apretando con fuerza la almohada entre sus dedos, hundiendo a medias su rostro contra ésta y con el cuerpo inclinado a su derecha. Su mirada de ojos abiertos y vigilantes no abandonaba la puerta, enfocando de reojo el oscuro umbral de la habitación. Anhelaba el sueño con desesperación, acumulando frustración con cada minuto más que se sumaba al largo e inminente insomnio. Su mente trabajaba con velocidad, repitiendo desordenadamente las imágenes del día, estrellándolas contra el fondo de sus retinas que seguían enfocadas sobre el viejo dintel de madera. La cara de Jorge, la mala película interrumpida por susurros, los reclamos de la gente, la salida accidentada del centro comercial, sus manos en sus piernas. Todo era un remolino, una mezcla caótica de imágenes que la perseguían sin descanso y ella, apretando la almohada como si con ello lograra aferrarse a algo, buscaba el sueño como quien busca la muerte.

Ya al salir de la casa sabía cuál sería su destino y empezaba a pensar que mejor hubiese sido quedarse tranquila, refugiada en algún libro o en uno de esos programas de concursos tan de moda en la televisión. Como una premonición de la típica sensación que nos embarga al final de un día funesto cuando pensamos que mejor hubiese sido llamar a la oficina y decir que una diarrea nos había desfigurado la noche y que no podríamos ir a trabajar; con esa sensación atragantada caminó rumbo al centro comercial. Tenía la mirada perdida entre la multitud de rostros que sin importar las horas inundan la calle que conecta el subterráneo con la puerta del inmenso complejo, buscando deshacerse del temor - infundado todavía - que le producía aquel encuentro. Pensaba que lo mismo han hecho otras personas, que ir a estos encuentros es algo que tarde o temprano le toca a todo el mundo y que a veces sucede bien y otras no tanto. Pero a ella le gustaba Jorge. Habían intercambiado números en una fiesta un par de semanas atrás. Lo había visto por primera vez en la universidad, pavoneándose entre sus compañeras, algunas de las cuales lo veneraban como hombre y lo tenían entre las piezas de mayor valor en la escuela de ciencias sociales. Ella sabía que, en el fondo, era afortunada de tener la oportunidad de salir con él y que sería una estúpida si le hacía caso a esa sensación y abortaba la salida a tiempo excusándose bajo un falso dolor de vientre o algún trabajo olvidado que debía entregar el lunes siguiente.

Habían transcurrido al menos 3 horas desde que se acostó. No había cenado y se negó a dar explicación a sus padres. Arropada a pesar del calor, seguía boca abajo, con la cara media hundida en la almohada a la que seguía aferrada y el ojo izquierdo abierto casi sin pestañear enfocado sin descanso sobre el umbral de la puerta. En cualquier momento entraría a hacerle preguntas y ella no sabría qué responder. Esas preguntas no suelen tener respuesta. Son seguidas con frecuencia por un largo silencio que en sí mismo constituye la respuesta más precisa. Quería llorar, pero no podía. Y eso que Jorge parecía tan buen tipo, tan simpático.

El centro comercial lucía como cualquier día de semana, de clase, de ocupaciones distintas al cine de las siete de la noche. Había chicas como ella - pensaba mientras hacía las colas de las cotufas - muchachas con caras de ansiedad, otras con caras de fastidio. Casi todas eran parejas o parejitas, como solía llamarlas él. Sabía que la palabra tenía un dejo de desprecio, una advertencia. Ella igual había decidido seguir cuando caminando hacia el metro la idea de inventar el dolor de vientre la asaltó y pensó que podía, todavía podía, salir tranquila de la situación. Pero ya era tarde, ya todo había pasado y ahí estaba ella, tirada boca abajo de cara a medio hundir en la almohada de todas las noches y la puerta ahí, amenazándola con su dintel sin luz.
Con el pasar de los minutos el sonido de los cubiertos cesó y con este la tibia e insípida conversación de todas las noches. Le seguirían el sonido del lavaplatos y la loza lavándose, el charrasqueo de su encendedor y la lenta exhalación de humo. Sus ojos seguían vigilando el umbral, sus brazos apretando la almohada, mientras rogaba que aquel cigarrillo que lo mantenía lejos de su puerta no se apagara nunca.

domingo, 15 de abril de 2007

Pura música

En algún lugar leí, probablemente de Borges a quien regreso casi compulsivamente, que la música es la más pura de las manifestaciones artísticas, porque en ella no se distinguen forma y contenido; o mejor, forma y contenido son la misma cosa. Ignoro casi todo lo que puede ignorarse de la música (como de muchísimas cosas más) pero eso no me ha impedido disfrutar del descubrimiento, tardío como casi todos los míos, del sistema juvenil de orquestas que creó y lidera todavía el Maestro José Antonio Abreu. Viendo el documental Tocar y Luchar dirigido por Alberto Arvelo entendí, al menos parcialmente, la frase de Borges. Es increíble ver a esa multitud de niños haciendo algo tan fabuloso y contagiarte, aún a través del televisor, de una energía avasallante, de ese contenido mágico que existe en cada una de las notas. Es todavía más increíble que cosas así sucedan en Venezuela y que el país lo ignore casi por completo. En estos días en el que el pesimismo se ha hecho de mi, poder sentarme a escuchar y ver una noticia tan buena es mucho más que reconfortante: es pensar que todavía hay, en Venezuela, cosa que nos pueden conmover en lo más profundo y hacernos pensar por un rato siquiera que el futuro no es tan negro como lo pintan los noticieros.
Si quieren ver el trailer de esta pieza fantástica, hagan click en la pantalla.

lunes, 9 de abril de 2007

Infierno














El infierno (...) es el nombre humano blasfematorio del olvido de Dios.

Jorge Luis Borges,
La duración del Infierno




No puedo dejar de visitar la página VII Photo y recorrer en ella, con los ojos llenos de espanto, las desconcertantes imágenes que Nachtwey y el resto de los fotógrafos publican. Hoy manejé por Petare, perdido y asustado mientras trataba de escaparle al infernal tráfico caraqueño. Sin quererlo, terminé subiendo más de lo que hubiese querido por las laderas de los cerros empobrecidos que irónicamente “adornan“ las noches de la capital. No era la primera vez que subía un cerro de esos. No soy de los que ignora la realidad que te abofetea sin piedad cada vez que uno se adentra en esos multitudinarios y humildes caseríos que los economistas llaman cinturones de miseria. Mientras buscaba escapar, en todos los sentidos que el término permite, de aquél lugar lúgubre, pensaba en lo dicotómico que es el mundo en el que vivimos. Ese mundo que el lente de Nachtway retrata en un esfuerzo ¿perverso? por hacernos caer de golpe en el mundo y sacarnos aunque sea un rato de esa realidad defendida que construimos a voluntad. No sé si sea sano voltear la mirada a ese mundo cercano y distante a la vez. Pero ahí está, y en estos días difíciles que he tenido, el recuerdo de sus imágenes me persigue con saña y no puedo sacarlas de mi mente como quisiera. Sabrán disculpar.

Foto: una celda en una cárcel en Brasil, diseñada para 16 reclusos y en la que se encuentran en la actualidad 99 reos.



viernes, 2 de marzo de 2007

Imagen

Nada más contundente que una imagen, esas que el famoso lugar común las valora con más de mil palabras. Un amigo fotógrafo me hizo conocer a un personaje asombroso llamado James Natchway, quien junto otros aguerridos colegas, suelen pasearse por los lugares del mundo en los que las pesadillas pasan a ser verdaderas, retratando con su lente la realidad que no queremos ver.
Esta es una muestra de su trabajo.


heroinómanos en Pakista


Una víctima de las hambrunas en Somalia

Si alguno de uds está interesado en ver más de su material, pueden visitarlo en la página VII photo.

martes, 27 de febrero de 2007

Pie de Limón

Amelia abrió el viejo libro de tapas verdes y leyó de pura costumbre.

Ingredientes para la pasta

200 gramos de harina; ½ cucharadita de sal; 100 gramos de manteca vegetal helada (unos 6 ½ cucharadas); 1 amarillo de huevo; tres cucharadas de agua helada.

Amelia es muy ordenada, siempre lo ha sido. La masa es lo primero. Lo había aprendido de Aurora, su madre, que la paraba a su lado de frente al mesón y la vestía con un delantal que casi la doblaba en talla, repitiéndole sistemáticamente que la disciplina es la clave. “Sin orden no hay sabor”, decía para sí misma mientras ella la miraba con atención, siempre a su izquierda. Sobre la mesa estaba la harina, cuidadosamente almacenada en un jarrón de barro artesanal. La sal y el huevo reposaban juntos, sosteniéndose mutuamente. Amelia suspiraba y recordaba, casi sonriendo, sus largas horas en la cocina de la vieja casa de Los Chorros. En silencio buscó la jarra de agua y el pote con la manteca.

En la cocina no hay nadie, como desde hace un tiempo. La soledad le disgusta, aún cuando nunca estuvo realmente acompañada en sus quehaceres culinarios. Joaquín duerme todavía. De uno de los estantes saca un envase y con calma cierne sobre éste la harina mezclada con la sal. No tiene apuro, su ritmo es tranquilo, pausado, casi ceremonioso. Sus manos sobre el envase y su forma de cubrirlo con la harina y sal se asemejan a las manos de un sacerdote limpiando el cáliz después de la comunión.

Ya son las 5, pronto estará al aire el noticiario matutino.

De una gaveta extrae un mezclador, de esos que hoy parecen antiguos porque no tienen botones ni enchufe. Suspira. Toma el pote de la manteca y lo vierte en el envase perfectamente cubierto de harina y sal. Bate rítmicamente hasta lograr la mezcla arenosa. Recuerda a Aurora explicándole qué significa arenosa, porque ese calificativo podía usarse para describir el color pero también la textura, o ambas. Toma el huevo y lo parte en una tasa. Extrae solo la ñema – esa palabra es tan de Mamá – y la mezcla con el agua helada para luego añadirlo al envase. Con cuidado, siempre con cuidado de no amasar todavía.

En la calle ya se empiezan a oír los carros. Enciende el horno a 400 grados, precalentándolo como todas las mañanas. Ya sabe que estas no son horas de estar haciendo postres, pero es que a Matías le gustan tanto. Además, si Joaquín la ve en estos menesteres mientras el desayuna se molesta y la interrumpe rogándole que se siente a comer con él y que se deje ya de esas cosas que no son buenas para nadie. Siempre el mismo problema, todas las mañanas la misma discusión. Pero a Amelia no le importa ya y casi siente que a Joaquín tampoco. La costumbre termina por hacer común las más extrañas de las conductas, termina de hacer que las cosas parezcan haber estado a nuestro lado por años. Así lo siente ella; la costumbre como una coraza. La rutina como una ceremonia.

Se le está haciendo tarde. Por la ventana alcanza a ver el autobús escolar que es la señal inequívoca de que se acercan las 6 de la mañana. “Ya pronto empezará el noticiero” piensa nuevamente y suspira, apurándose para tener todo en el horno al momento del desayuno de modo que Joaquín no tenga manera de decirle que se deje de eso. De la despensa saca un rollo de papel encerado que extiende sobre el mesón de la cocina. Sobre el papel derrama la mezcla y sobre ésta extiende otro trozo de papel, que después aplasta lentamente con su rodillo hasta darle la forma circular adecuada con sus “treinta centímetros de diámetro Amelia, ni uno más ni uno menos; y asegúrate de que tenga por lo menos uno de espesor”, recuerda nuevamente con los ojos fijos sobre la ventana.

Cuidadosamente para no romper el papel, lo arranca de la masa como si arrancara una cicatriz. Sobre la superficie desnuda y lisa coloca el molde circular boca abajo y ayudándose con el papel que separa a la masa de la mesa lo gira para colocarlo boca arriba nuevamente.

–Ya el horno debe estar caliente– piensa mientras forra el interior del molde con la masa, cuidando dejar siempre un poco fuera, “porque encoje Amelia y si no dejas suficiente masa afuera echas a perder todo”.

Enciende el radio y se asoma a la calle a través de la ventana. Hay poco tráfico todavía y la radio todavía está transmitiendo esa música somnífera de la madrugada. Abre el horno y coloca lentamente el molde en su interior.

Ingredientes para el relleno

1 ½ tazas de azúcar; 8 cucharadas de maizena; 2 tazas de agua hirviendo; 3 amarillos de huevo ligeramente batidos; ½ taza de jugo de limón (preferiblemente tipo europeo); 1 ½ cucharada de concha de limón rallada; ¼ de cucharadita de sal; 3 gotas de colorante; vegetal verde; 3 claras de huevo; 6 cucharaditas de azúcar, ¼ de cucharadita de sal.

En los veinte minutos que le toma a la masa estar lista, Amelia prolijamente fue colocando los ingredientes uno a uno sobre el mesón ya limpio después de la mezcla de la masa. Casi alfabéticamente se podían ver alineados a las jarra de agua tibia (que haría hervir en el microondas para ganar tiempo), el azúcar, el potesito diminuto de colorante, las conchas de limón ralladas (guardaba en un pote arroz chino muchas conchas ralladas para tenerlas a la mano todas las mañanas), los huevos, el jugo de limón.

Enciende la hornilla y sobre ella coloca una olla pequeña con suficiente aguar para hacer un baño de María. Mirando fijamente la ventana y el alba, espera a que esta hierva. En el segundo piso se escucha el agua de la ducha que empieza a correr. El ruido del agua la saca de su breve estupor y Amelia como por reflejo toma otro envase de su estante. Coloca en éste azúcar y maicena y vierte luego dos tazas de agua hirviendo que había llevado a ese punto en el horno microondas. Usando el mismo batidor de la masa, revuelve rápidamente, buscando mezclar bien no fuese cosa de que quedara grumosa, por ella sabía cuando detestaba Matías eso. En el segundo piso, Joaquín canta desafinadamente en la ducha. Con el envase dentro de la olla, cocinándose hasta casi hervir, Amelía se dispone a preparar la mesa para el desayuno. Unos huevos fritos y listo – piensa sin culpa alguna – Total, a él ya poco le importa. Lo único que quiere es que yo me deje de esto y así irse temprano al trabajo.

Con cuidado, saca el envase del baño de María, pasando su contenido a otra olla y colocando ésta sobre una nueva hornilla encendida a medio fuego. Espera poco tiempo para invertir el proceso. En apenas 3 minutos el contenido está nuevamente en el envase que otra vez sumerge en el baño de María. El ruido de la ducha ya cesó y Amelía mezcla con vigor el resto de los ingredientes. Primero las ñemas, seguidas del jugo con las conchitas de limón y finalmente la sal.

- Joaquín debe estar cambiándose – piensa – menos mal que le planché todo anoche. No soportaría otra descarga de reproches acerca del desorden de la casa, de la desatención y no sé cuántas cosas más que me dice cada vez que se molesta.

Retira la olla del fuego y con parsimonia vierte en ella el colorante vegetal. Limpiando un poco la repisa coloca la olla sobre un trapo y lo deja enfriando.

- Buenos días Amelia – escucha de espaldas mientras bate las claras en un envase largo y rectangular, cuidando formar pequeños picos nevados, como pequeñas cordilleras de nieves perpetuas.

- Buenos días – responde sin dejar de batir.

- ¿Otra vez tu con eso?

- Si, otra vez. Ya me conoces.

- Te dije que te dejaras de eso. No entiendo para qué sigues torturándote.

- No es una tortura. A Matías le encanta, ya lo sabes.

- No seas cruel Amelia. Ya es suficiente. Vamos para seis meses en este asunto todas las mañanas. No nos hace bien a ninguno de los dos.

Amelia no contesta. Ni siquiera se da vuelta para mirarlo.

- Tus huevos estarán listos en unos minutos. En la nevera hay jugo natural, creo que de naranja, pero puede ser de parchita, ya no me acuerdo. Pruébalo a ver.

Mientras enfría el relleno prepara en la hornilla que dejó libre dos huevos fritos. Los sirve sin mayor cuidado a Joaquín que prueba el jugo y dice para si mismo que es parchita, no naranja.

Mientras Joaquín desayuna, Amelia saca el molde con la masa del horno y derrama el relleno con cuidado. Al terminar lo introduce nuevamente en el horno.

- ¿No vas a comer nada? – pregunta Joaquín resignado.

- No tengo hambre. Más tarde comeré una fruta o algo.

- El noticiero debe estar por empezar – dice él como participando del rito.

- En 5 minutos – agrega ella con la voz como un hilo.

Joaquín termina sus huevos y mojando un trozo de pan en el plato le dice:

- Debo irme. Me llamas cualquier cosa por favor.

- Ve tranquilo. En 20 minutos estará listo el pie. Es un poco tarde, pero estará listo para cuando Matías llegue.

- Si, supongo – dice Joaquín levantándose y besándola en la nuca. Ella no responde. Mira la ventana fijamente.

Al terminar el noticiero, Amelia saca el pie ya listo del horno. No hay novedades. Joaquín ya debe estar en el taller. Amelia se sienta sola en la cocina mirando el pie que se enfría sobre la ventana. Sabe que Matías no llegará hoy, pero igual espera. No le queda otra cosa que esperar. Como ha hecho desde la mañana siguiente a la noche que se lo llevaron sin razón alguna. Desde entonces han pasado 184 días.

Cuando venga, comeremos juntos su postre favorito – piensa serenamente -. Porque debe llegar a mediodía, cuando terminan las clases del primer turno en la universidad.

Cuidadosamente lava los envases y la olla, organizando todo para la mañana siguiente. Guarda los ingredientes sobrantes del pie en la nevera y saca del congelador una pieza de pollo. Joaquín viene hoy a almorzar y no le gusta comer recalentado.

lunes, 26 de febrero de 2007

Lectores olvidados


Como ya deben saber, se está celebrando en Caracas el I salón de libro, evento que en mi opinión viene a resarcir de algún modo la triste experiencia que significó la feria del libro organizada por el estado. La iniciativa es maravillosa y la verdad el evento está quedando bastante bien. Lo nutren, sobretodo, eventos como charlas, bautizos de obras y presentaciones de nuevas ediciones, con lo cual los lectores podemos darnos el gusto de conocer y escuchar a muchos de las plumas noveles de nuestro país.
El objetivo de esta nota es comentar acerca de una preocupación que me surgió luego de asistir a la charla “el peligro de la escritura” que ofrecieron Alberto Barrera Tyszka, Vicente Lecuna y Héctor Bujanda. En la charla, como se puede prever por el título, había una intención no del todo declarada de llevar la discusión a un terreno político, lo que no deja de ser interesante pensando en todo lo que estamos viviendo como país – piénsese por ejemplo en el caso de Laureano Márquez y el vespertino TalCual – en el que la censura ideológica puede estar a la vuelta de la esquina. No obstante, los ponentes mantuvieron la discusión en un alto nivel, al menos hasta que la audiencia se lo permitió. Vicente habló de 4 desafíos del escritor, de la necesidad de atreverse siempre a buscar algo más, de escapar de los convencionalismos. Héctor se remitió a todo tipo de escritura, no sólo la utilizada en literatura, como peligrosa para la sociedad pues lleva en muchos casos cuestionamientos importantes sobre lo establecido (la moral, las buenas costumbres, los acuerdos políticos, etc.). Barrera, suscribió mucho de lo dicho por los dos autores anteriores e introdujo sutilmente el tema del autoritarismo y los peligros a los que pudiese llevar. Más allá de todo lo anterior, que como pueden observar no recuerdo a cabalidad, lo que me llamó la atención de la charla es que nadie habló del lector. Nadie se refirió a la importancia que el lector tiene en todo proceso de creación literaria. Tanto me llamó la atención que fui el primero en intervenir, preguntando sobre el problema de la desaparición de la lectura como un hábito, como un ejercicio placentero. Para mi sorpresa, a ninguno de los 3 ponentes, incluso al organizador de la charla cuyo nombre no recuerdo, el tema les mereció mayor importancia. De hecho, aún cuando reconocen que existen problemas en el consumo de literatura, no les parece que se esté leyendo menos. Uno llegó incluso a citar como ejemplo lo mucho que se chatea, haciendo con ello evidente que el que mucho chatea, necesariamente mucho lee. Borges, entre sus muchas citas célebres, tiene una de particular importancia en la que se refiere al acto de leer. Dice el maestro: “que otros se jacten de los libros que les fue dado escribir, yo me jacto de aquellos que me fue dado leer”. También, en el prólogo de “Historia universal de la infamia” afirma Borges que “A veces creo que los buenos lectores son cisnes aun más tenebrosos y singulares que los buenos autores. (...) Leer por lo pronto es una actividad posterior a la de escribir: más resignada, más civil, más intelectual".
Pregunto entonces: ¿Está bien pensar que el escritor puede prescindir del lector? ¿Está bien pensar que el que se lea menos literatura es un problema que no le compete al escritor? No soy de los que aboga por la lectura como un medio de superación. Coincido con la opinión de aquellos – como Harold Bloom – que creen que la lectura no hace mejor ni peor a nadie, que es sencillamente una actividad individual cuyo objetivo debe ser el goce estético, el placer del arte. Justamente por eso considero que aquellos que escriben, que quieren comunicar algo, deben procurar que haya gente dispuesta a leerlos. Siento que es una mirada narcisista y reducida la del escritor que escribe sin pensar en sus lectores. Novelas como Rayuela existen justamente pensadas en darle al lector un rol más activo en el proceso de creación literaria, es una suerte de concesión que Cortázar hizo, como diciéndonos a los lectores que escribiéramos el libro con él, a cuatro manos. Esto no quiere decir, obviamente, que se deba dejar de lado la preocupación por la buena literatura, que será siempre exclusiva. No estoy abogando por la existencia de nuevos Coelhos, estoy abogando por la existencia de un mayor número de lectores de Vargas Llosa, García Márquez, Shakespeare, y cualquier escritor cuya pretensión sea hacer literatura. ¿Qué sería de Barrera sin sus lectores?
Por todo lo anterior celebro iniciativas como las que se llevan a cabo en lugares en los que la lectura no es una práctica común. Ayudar a alguien a descubrir el placer en una novela, un cuento, un poema, un ensayo, es una manera de hacerle un favor, de regalarle una herramienta de goce maravillosa. Celebro a los insistentes que entienden que el escritor no existe sin un lector comprometido con el hábito de sumergirse de vez en cuando en el maravilloso mundo de la literatura.

jueves, 22 de febrero de 2007

Web 2.0 ... The Machine is Us/ing Us

Tomo prestado el título y la idea de un blog al que llegué desde el blog de un amigo. Esta primera oración, que parece más un trabalenguas que una explicación, es parte de lo que quiero transmitir en esta entrada. El fenómeno de blog, y con éste, el uso que hoy se le está dando a Internet, decididamente ha cambiado y seguirá cambiando la manera en la que nos relacionamos los seres humanos. No es de extrañarse que exista ya una "etnografía digital", en la que presumo se podrá uno sumergir en la "realidad" de los seres humanos para estudiarlos y comprenderlos mejor. Mi estimado amigo Wolfstrife ya me ha hablado de esto en el pasado, comentando cómo la identidad, la cultura y la expresión se están definiendo, entre otras cosas, en función del rol que internet tiene en nuestras vidas. Los blogs, dice él, serán probablemente objeto de estudio en el futuro, no sólo como vía de expresión, sino también como un nuevo género literario. Israel Centeno decía - y yo estoy absolutamente de acuerdo - que Julio Cortázar gozaría un mundo con los blogs hoy en día, creando múltiples heterónimos con los que jugar y reinventarse una y otra vez. ¿Qué nos espera? No lo sé, pero sé que nuestra identidad queda plasmada en cada entrada y cada link que creamos en la red.

No dejen de echarle un ojo a este video que es sencillamente genial (en producción y en idea) y que explica un poco mejor que yo todo lo que quise decir arriba de estas líneas.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Del diario de Bioy


Por esos azares que dominan nuestro día a día, fui a parar ayer frente a la modesta biblioteca que todavía no he mudado de casa de mis padres y me tropecé con el libro "Descanso de Caminantes" que escribiera Adolfo Bioy Casares y que se publicó póstumamente. El tomo en cuestión recoge buena parte de su diario personal, y al igual que lo que ocurre en las colecciones de la correspondencia de autores famosos, nos permite acercarnos más al escritor - persona, al ser humano detrás de la prosa deslumbrante.

Dos notas llamaron mi atención. La primera es la escrita el 12 de febrero de 1984, referida obviamente a la muerte de Cortázar y en la que Bioy se lamenta no haber podido salvar las distancias que la política interpuso entre ambos escritores. Las comparto con uds para evitar interpretaciones.

12 de febrero de 1984: Muerte de Cortázar. Vlady me previno: “escribile pronto. Está enfermo. Va a morir”. Como siempre, me dejé estar. Yo quería agradecerle la extraordinaria generosidad de referirse a mi, tan elogiosa, tan amistosamente en su admirable “Diario de un cuento”. La carta era difícil. ¿Cómo explicar, sin exageraciones, sin falsear las cosas, la afinidad que siento con él si en política muchas veces hemos estado en posiciones encontradas? Es comunista, soy liberal. Apoyó la guerrilla; la aborrezco, aunque las modalidades de la represión en nuestro país me horrorizaron. Nos hemos visto pocas veces. Me he sentido amigo de él. Si estuviéramos en un mundo en que la verdad se comunicara directamente, sin necesidad de las palabras, que exageran o disminuyen, le hubiera dicho que siempre lo sentí cerca y que en lo esencial estábamos de acuerdo. Pero, ¿la política no era esencial para él? Voy a contestar por mi. Aunque sea difícil distinguir el hombre de sus circunstancias, es posible y muchas veces lo hacemos. Yo sentía cierta hermandad con Cortázar, como hombre y como escritor. Sentí afecto por la persona. Además estaba seguro que para él y para mí este oficio de escribir era el mismo y lo principal de nuestras vidas. No porque lo creyéramos sublime; simplemente porque siempre fue nuestro afán.


La otra nota que me impacto terriblemente fue la que escribió el 14 de junio de 1986, el día que murió Jorge Luis Borges en Ginebra. En ella vemos que Bioy se enteró en la calle, de boca de un extraño, acerca de la muerte de su entrañable amigo. ¿Cómo puede ser eso? ¿Quién podía imaginar que Bioy Casares, ávido colaborador de Borges, con quien escribiera varios tomos a cuatro manos, pudiese enterarse de la muerte de su amigo caminando por la calle? ¿Qué pudo haber sentido Bioy en esa tarde?

Igualmente intrigante es imaginar la escena en la que Borges le avisa a su amigo que no volverá, que morirá en el extranjero, porque significa pensar en una escena que uno creía imposible, sobretodo tratándose de un Borges que siempre afirmó anhelar la muerte, calificando de pesimista a aquellos que le preguntaban si viviría tanto como su madre.


Definitivamente, qué privilegio poder leer estas cosas y acercarnos un poco más a la humanidad de estos dioses de la literatura. Este es la nota del 14/06/86


Sábado, 14 de junio de 1986: Almorcé en La Biela, con Francis. Después decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía “Un experimento con el tiempo”. Quería un ejemplar para Carlos Pujols y otro para tener de reserva. Un individuo joven, cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre las Eddas que me mandaron hace meses, me saludó y me dijo, como excusándose: “hoy es un día muy especial”. Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: “¿Por qué?”. “Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra”, fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino. Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: “Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez”. Pensé: “Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana… tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar sólo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar”.

C.



martes, 13 de febrero de 2007

Recordando a Julio



Ayer se cumplió un año más de la desaparición de Julio Cortázar, uno de los más insignes e innovadores escritores que ha dado este continente. Su prosa lúdica y su estilo novedoso nos regaló a todos los que tenemos la dicha de leerlo incontables momentos de felicidad. Justo es recordarlo y saludarlo abriendo alguno de sus tomos y sumergiéndonos en esa magia que sólo un cronopio de su estatura puede regalarnos.
¡Salud Cronopio!

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"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba."

"En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las co- sas tal como me son dadas."








lunes, 12 de febrero de 2007

La Castroenteritis


Por razones definitivamente ajenas a mi voluntad llevo semanas alejado de la literatura, lo que hace que siga pensando en política y en consecuencia publique aquí sobre ese tema. Como he dicho anteriormente, no es el propósito del blog, pero dadas las circunstancias, tendré que adaptarme un poco. En esta ocasión comparto con uds un ensayo escrito por Guillermo Cabrera Infante y publicado en su libro "Mea Cuba". Espero sea de su agrado.
Saludos.
C.
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La Castroenteritis



No hay mal que dure cien años pero conozco uno, la Castroenteritis, que dura ya treinta y tres. Es una enfermedad del cuerpo (te hace esclavo) y del ser (te hace servil) y la padecen nativos y extranjeros – algunos de los últimos con extraña alegría. Aunque la enfermedad es infecciosa (hay que advertir que los atacados no tienen todos ideas sino sentimientos totalitarios: la Castroenteritis no deja pensar) y a veces es fatal, tiene un antídoto poderoso, la verdad. La verdad desnuda crea anticuerpos que combaten la Castroenteritis eficazmente. Hay una variedad nueva que ha brotado dondequiera que se esté a la moda y se la ha bautizado con el nombre de Castroenteritis Chic. Afortunadamente la epidemia está menguando y no queda más que un foco, según la teoría de un francés contaminado y recuperado luego. Todo parece indicar que el brote más virulento será erradicado en breve. Los anticuerpos parecen tomar posesión de todo el cuerpo.
“Fidel Castro ha erradicado la pobreza en Cuba y ha nacionalizado la miseria”. Esta frase la dije en fecha tan temprana como junio de 1968 en un artículo para la revista primera plana con el que me construí un ghetto de uno solo. Cadáveres ilustres (Cortázar, Carlos Barral) y zombies políticos (mencionarlos ahora es activarlos) me condenaron a un ostracismo que no fue más que una estación más en mi exilio voluntario. Estaban entonces en todas partes, hasta en un vuelo de Iberia en el que el sobrecargo se convirtió en una pobre carga castrista. Epítetos al uso (gusano, sin advertir que uno siempre se puede convertir en mariposa, lacayo del imperialismo, insulto proferido por otro lacayo de otro imperialismo) cayeron sobre mí como una lluvia ácida.
Pero sabía que tenía razón. A diferencia de esos Castroenterados yo podía repetir con José Martí: “He vivido en el monstruo y conozco sus entrañas”. Y aún más: estuve en su caverna y no sólo sé el terrible tamaño de Polifemo y cómo reconocerlo, sino que una perversa intimidad me permite usar el nombre de cada cíclope y sus apodos: el Gallego, el Guajiro, Barbarroja, Barbita, el Chino y hasta aquél que se llamó siempre Richard pero cambió de súbito de nombre por miedo a identificarse, no con el enemigo, sino con la lengua del enemigo. El peligro que se corre en esta espelunca es que el amigo puede convertirse en seguida en enemigo. Por eso, cuando me preguntaban mi nombre, yo decía: “Ning-Uno”.
No puedo predecir ni el futuro más cercano. Mañana por ejemplo. No soy un futurólogo. Ni siquiera soy un futurista y además soy miope. Pero puedo mirar al pasado con ira. Sobre todo el pasado español. En España, desde Franco hasta Felipe González, pasando por el falso duque, se ha dado la mano a una mano de hierro poniéndole guantes de seda y una joya o dos. Para pagar, justo cambio, Castro ha enviado a España inodoros y ha llegado a pagar su deuda ¡con caramelos! Hay otras transacciones más vergonzosas que una taza de inodoro, pero ésas son razones comerciales. Lo que es difícil de explicar son los efusivos abrazos de Felipe González en Barajas cuando Castro, jugador de póquer, obligó al español a una escala forzada. Están además las fotos de su regocijo en Tropicana, flanqueado por una corista casi corita, y por Castro al otro lado, en lo que parecía una versión en colores de la bella y la bestia. Esta foto fue para mi tan repugnante como la que se hizo Franco con Hitler. La única diferencia es que en la última el asunto era de tirano a tirano. ¿Por qué González le tira tanto el ogro de la Habana? La respuesta puede ser el nombre de otro capricho español.
Puedo hablar también del presente miserable. Después de treinta años de racionamiento por tarjeta, ahora Castro planea adoptar el régimen de Pol Pot, la llamada economía de subsistencia, y un lunático sistema militar – agrícola que creará en la población cubana una verdadera hambruna. Aunque, no, claro, para los dirigentes. (Ya en la guerrilla de la sierra era Castro quien se comía el único trozo de carne). Además, por si la debacle. Un diplomático sudamericano que se dice enterado asegura que Felipe González ya ha ofrecido asilo a Castro en Galicia. Lo dudo. Castro es un capitán que después de averiar su barco se hunde con él. La isla será su Titanic.

Londres, 2 de marzo de 1990.