lunes, 25 de febrero de 2008

Chávez y el "doble - pensar"


Ibsen Martínez - Tal Cual 25 de Febrero - página 23

Desde hace un par de meses he dispuesto que el tipo de mi procesador de palabras sea el llamado "Verdana".

No sé a qué atribuirlo, pero desde entonces las páginas me lucen más, ¿cómo decirlo?, más profesionales quizá; en todo caso menos manidas que las escritas en Arial 12.

Subjetividad pura, claro: el tipo de impresión no me hace ni más ni menos lerdo, ni creo tampoco que su sola visión active mejor ninguno de mis dos hemisferios cerebrales. Me gusta el tipo Verdana; esa es toda la verdad.

Compongo este artículo con Verdana 12 y lo estoy disfrutando; con Arial 12 la cosa no sería lo mismo. Debo haber adquirido mi aversión al Arial 12 por contagio de un amigo colombiano, el escritor y editor Andrés Hoyos, de quien es fama que, no bien recibe una colaboración para su extraordinaria revista "El Malpensante", se fija primero en el tipo en que ha sido escrita. Si se trata de Arial 12, "reformatea" el texto antes de imprimirlo y poder leerlo escrito en un tipo– ya no recuerdo cuál-que le cuadre mejor. A mí, ya dije, me gusta Verdana. Inténtelo en casa; verá que efecto mágico tiene sobre el escribidor profesional aquejado de "bloqueo".

Mi asunto de hoy es lo que, por facilismo periodístico, llamaré "el caso Tascón", el cual puede recapitularse, de modo más o menos sumario –y apelando a algunas imágenes de primera plana y de noticiario televisivo que acaso el lector no haya olvidado todavía–, usando el presente del indicativo en que suelen escribirse las sinopsis argumentales para cine y televisión.

El caso, resumido burdamente, se lee así: Tascón es un conciudadano quien, no muy joven ya, con un historial político que alguna vez lo acercó a Acción Democrática, es elegido diputado a la Asamblea Nacional por el estado Táchira.

Tascón interviene con manida elocuencia en las sesiones que hubo en dicha Asamblea para investigar los sucesos de abril del 2002. Las sesiones son absolutamente inconsecuentes, pero Tascón descuella entre sus colegas diputados por un cierto "tumbao" oratorio que evoca a Andrei Vichinsky, aquel célebre fiscal estalinista que actuó en los igualmente célebres "procesos de Moscú.

Tascón se convierte (merced a la televisión, y también a que es uno de los pocos diputados chavistas que articula según la inteligible fórmula de colocar el sujeto y el verbo transitivo antes que el complemento) en el Fouquier-Tinville, en el implacable acusador público de aquellas bufonescas sesiones de la AN convertida en jacobino Comité de Salud Pública.

Puede, así, afirmarse que es entonces cuando cobra mayor visibilidad pública y se singulariza defintivamente su figura de entre la borreguil masa que, pastoreada y azuzada por Luis Miquilena, aprobó en volandas la constitución del 98.

Otra imagen, que recalca su figura en la conciencia mediática: Tascón acarrea personalmente las cajas que contienen las millones de firmas de solicitud de un referéndum revocatorio del mandato del presidente Chávez. Sus declaraciones a la prensa son, por el momento, de una insólita, descarnada franqueza que deja al descubierto lo que el gobierno piensa del secreto del voto.

Se atribuye a Tascón haber hecho uso de esas listas para ejercer lo que, sin lugar a dudas, ha entronizado un apartheid político que afecta a todas las instituciones del país. Sería ocioso de mi parte escribir sobre lo que puede ocurrirle a quien aparezca en la lista Tascón. La lista, conviene decirlo a estas alturas, jamás ha dejado de funcionar, pese a la cínica sugerencia del Jefe quien, en un descuido de su natural pugnacidad, dijo que convendría enterrarla puesto que ya había cumplido su cometido: instaurar firmemente el apartheid político en nuestro país.

Se advierte que, en ese momento, no hay reconvención alguna, al menos no en el ámbito televisivo, de parte del Jefe hacia Tascón. La lista queda sancionada como algo que , en rigor, ha sido de gran utilidad para la defensa del llamado "proceso".

Tascón afirma que Diosdado Cabello es un corrupto; el bando de Cabello señala a Tascón como agente provocador del Imperio, del mismo modo en que, según el alcalde Aníbal Chávez, los saqueadores del "Megamercal" de Sabaneta son abyectos agentes de la CIA.

Llegados aquí, traigo a esta página fragmentos de George Orwell que un muy apreciado corresponsal mío radicado en Europa me hace llegar. El lector puede hallarlo en el blog "Caracas Cronichles", cuya dirección es http://caracaschronicles.blogspot.com/2008/02/empire-of-nonsense.html.

Su autor parte de unas declaraciones de Hugo Chávez, formuladas el 20 de enero pasado en el inefable Aló, Presidente. Chávez hizo pública su decisión de permitir que el precio de la leche a puerta de corral se elevase de Bs.

1.100 a 1.500 [bolívares débiles de entonces, está claro] el litro, en beneficio de los productores primarios. Al mismo tiempo les advertía que si les daba por hacer queso o exportar la leche a Colombia incurrirían ni más ni menos que en traición a la patria.

En una misma frase–observa nuestro amigo del "Caracas Chronicles", citando textualmente al presidente–, el hombre admite que los controles de precio traen consigo escasez, y al mismo tiempo afirma que la escasez es culpa de los productores quienes, al procurar minimizar sus pérdidas, se hacen traidores a la patria.

Más abajo, en su estupendo "posting", mi amigo cita in extenso la definición que Orwell da del "doble-pensar" totalitario: "...saber y no saber. Estar consciente de una verdad absoluta y, al mismo tiempo poder decir mentiras cuidadosamente construidas. Sostener simultáneamente dos opiniones que se cancelan una a otra, saberlas contradictorias sin dejar de creer en ninguna de las dos.

Usar la lógica contra la lógica, [...], olvidar lo que sea preciso olvidar, traerlo a la superficie en el momento en que sea necesario para luego, prontamente, olvidarlo de nuevo. Y, por sobre todo, aplicar este proceso al proceso mismo." Es así como el "doble-pensar" totalitario permite que Tascón sea, al mismo tiempo, autor de una infame lista antidemocrática que cumplió su función, actor importante (aunque "autoexcluido" del proceso), agente carnetizado de la CIA, disidente chavista de buena fe, criptoescuálido corrupto, héroe del socialismo del siglo XXI y traidor a la patria de Bolívar.